Artesanía

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Los trabajos populares que perduran en la comarca fueron adaptándose a nuevas funciones, que más tienen que ver con la valoración de la calidad y la belleza de las piezas que con la necesidad práctica de la vida cotidiana. Esto es lo que pasa con la elaboración de cestos de mimbre o cerámica u objetos de latón.

En su día muchos servían para los trabajos de recolección de la uva, almacenamiento del vino, o elaboración del aguardiente, pero hoy son más bien apreciados desde el punto de vista estético, como objetos de decoración. Los cambios en la sociedad y en los objetos que la acompañan llevaron a que muchos de estos oficios se fuesen perdiendo en las últimas décadas, pero recientemente el movimiento de recuperación y valoración de los mismos es cada vez más intenso.

Alrededor del vino y derivados de la uva se fue estableciendo una tradición, actualmente en vías de extinción, del trabajo en latón y cobre, que en ayuntamientos como los de Lemos, Sober y Portomarín fue muy apreciada. Con estos metales se realizaban las alquitaras o alambiques, objetos de origen árabe con los que se hace una destilación del aguardiente desde la Edad Media, a partir del bagazo, es decir, la parte sólida de la uva que queda después de ser aplastada para la elaboración del vino.

Los latoneros se servían de hojas de lata compradas en tiendas o aprovechadas de envases viejos. Sobre éstas marcaban después los perfiles con punzón, regla o compás, y cortaban las piezas que finalmente serían soldadas. Los cambios en la normativa de la salud pública (Decreto de la Xunta del año 1989) y la propia evolución del sector hizo que la producción casera de esta bebida, con la famosa figura del augardenteiro ambulante, dejase de ser habitual en la Ribeira Sacra, igual que en el resto de Galicia.

Se conservan tradiciones en Chantada como el trabajo de tecedeiras (tejedoras) y zoqueiros (persona que elabora zocos o zocas), además del de los cesteiros (cesteros), que dieron lugar a las jarras de Bergaza, aprovechando las plantas de mimbre, de donde se extraía también la materia prima para armar las viñas. En Quiroga se produce actualmente aceite puro de oliva sin refinar, a partir de olivas de la zona.

La producción artesanal de este aceite destaca por su carácter excepcional, constituyendo un caso único en Galicia que recoge una antigua tradición asociada a la presencia de olivas y de molinos en la zona oriental de la Ribeira Sacra, con clima y vegetación de claras influencias mediterráneas.

Pero sin lugar a dudas es la olería (ollería) el oficio tradicional más relevante, tanto por la calidad de sus productos como porque supieron adaptarse a las nuevas funciones, creando una imagen de calidad reconocida fuera de estas comarcas. Los centros de Gundivós (en Sober) y Niñodaguia (Xunqueira de Espadanedo), son centros de una producción muy apreciada. En el ayuntamiento de Sober se elabora la olería de Gundivós, con sus peculiares xerros de color negro por la aplicación de un barniz especial (pez) que los impermeabilizaba, quedando el interior muy brillante y el exterior oscuro por el humo de la cocción.
Estos recipientes se usaban a menudo en bodegas y cocinas, y existía la opinión de que mejoraban el sabor del vino. Con el paso del tiempo, los “cacharros” fueron perdiendo su valor funcional, desplazados por los nuevos objetos industriales, muchos de plástico, abandonándose gran parte de los talleres, que abastecían la demanda en ferias y mercados de Monforte, Castro Caldelas, Chantada o Lugo. En los últimos años se está recuperando el oficio gracias a iniciativas particulares, como los cursos de cerámica, la aparición de jóvenes artesanos, y la aprobación de un centro de diseño y promoción de la ollería tradicional en el ayuntamiento de Sober. En la actualidad la variedad y el grado de originalidad de las piezas son mayores, partiendo por lo general de las antiguas formas tradicionales. De tierras de Ourense es la olería de Niñodaguia, del ayuntamiento de Xunqueira de Espadanedo.

Aunque desaparecieron los talleres, quedaron algunos hornos de artesanos que producen hermosos recipientes con un punto de creatividad para adaptarse a las demandas del mercado, conviviendo con el potente sector de la cerámica industrial. Los artesanos eligen una arcilla propia de la zona, de tono blanco, que después cubren con un peculiar barniz amarillo o anaranjado. La “Asociación de Alfareros de Niñodaguia” organiza en el mes de agosto una exposición acompañada de actividades culturales, con el fin de promover el conocimiento de este tipo de productos.