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Gastronomía

Además del paisaje y los indudables atractivos histórico-artísticos, uno de los puntos fuertes de Ribeira Sacra – extensible a toda Galicia- lo encontramos en una amplia gama de productos locales de altísima calidad, muchos de ellos distinguidos con marcas de garantía en su origen y que podemos degustar en los restaurantes y casas rurales de la zona, presentados en exquisitos platos tradicionales.

Como buena tierra de interior, la especialidad de la Ribeira Sacra es una carne de gran calidad. Hay que señalar la importancia histórica de la matanza del cerdo que durante todo el año abastecía a las familias de diferentes productos. Chorizos, jamones, salchichones o morcillas son algunos de los productos característicos que se pueden comprar y degustar en toda la zona. Además de la carne de cerdo, la carne de ternera, cabrito, cordero y carne de caza menor y mayor (en temporada) destacan también por sus excelentes características.

Todos ellos, acompañados de setas que podemos recoger en gran cantidad y variedad durante el otoño, los convierten en manjares a nuestra entera disposición.

Dentro de las sobremesas es necesario señalar la Bica mantecada de Castro Calderas, un apreciado postre típico de este ayuntamiento próximo a tierras de la montaña de Manzaneda y Queixa, muy estimado en la zona y en toda Galicia. Junto a ella, otros productos de gran calidad constituyen excelentes postres para culminar una buena comida: cerezas, castañas y miel son productos muy valorados.

Mención especial merece el vino. Su cultivo en la Ribeira Sacra se remonta a hace más de 2.000 años (fue introducido por los romanos), siendo un elemento clave de la colonización monástica en toda la Ribeira Sacra. Fueron los monjes quienes lo cultivaron y perfeccionaron, comenzando a modelar el extraordinario paisaje que vemos en la actualidad y difundiéndolo a las ciudades.

Hoy la producción de vino es un importante motor de desarrollo económico para Ribeira Sacra, al mismo tiempo que una poderosa señal de identidad.

La creación de la Denominación de Origen Sacra en 1997 y de un Consejo Regulador con un riguroso control de la producción, supuso un poderoso estímulo para un incremento, no solo de la cantidad, sino también de la calidad del vino.

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